¿Qué es el APS?

El aprendizaje-servicio (ApS) es una manera de aprender haciendo un servicio a la comunidad.

Frente a una necesidad social, los chicos y chicas emprenden una acción de servicio a la comunidad que les ayuda a aplicar y consolidar aprendizajes en conocimientos, habilidades, actitudes, competencias, despertando su talento y poniéndolo a trabajar para el bien común. Estos son tres buenos ejemplos:

Alumnado de primaria construye nidos de barro para instalarlos en puntos estratégicos de la ciudad, a fin de que vuelvan a anidar en ella las golondrinas.

Alumnado de secundaria organiza y llevan a cabo una  campaña de donación de sangre en el vecindario, colaborando con el Banco de Sangre.

Jóvenes aprendices de pintor, se inspiran en la obra artística de Joan Miró para devolver a las escuelas infantiles del barrio un aspecto cuidado y alegre.

El ApS suma intencionalidad pedagógica e intencionalidad solidaria. Es un proyecto educativo con utilidad social.

El aprendizaje-servicio es una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado, en el cual las y los participantes se forman al implicarse en necesidades reales del entorno con la finalidad de mejorarlo.[1]

Las prácticas de aprendizaje-servicio se revelan extraordinariamente valiosas, al acercar a los y las estudiantes al mundo real; al retar su capacidad creativa y emprendedora en resolver problemas por sí mismas y darles confianza en hacerlo; al poner a trabajar conjuntamente los centros educativos con las entidades sociales de un territorio.

El ApS es una manera de unir éxito educativo y compromiso social: aprender a ser competentes siendo útiles a los demás. Es sencillo y es poderoso. Y no es un invento, sino un descubrimiento, porque pone en valor buenas prácticas que están ya en el corazón de la educación integral y comprometida.

Un proyecto de aprendizaje-servicio es una doble herramienta y, por ello, doblemente valiosa: un proyecto integral de educación para la ciudadanía que fortalece la comunidad porque fomenta el capital social, es decir: estimula el trabajo en redes, explicita y consolida los valores y normas que aportan cohesión social, y contribuye a crear confianza y seguridad entre la población.

Y es algo más que una herramienta, porque se inspira en la ética del cuidado, de la responsabilidad que contrae cada persona con los demás. La ética imprescindible en el siglo XXI, que entiende el mundo como una red de relaciones donde el valor central es la responsabilidad: la persona tiene el deber moral de ayudar a las demás y supeditar su bienestar e intereses particulares al bienestar e intereses de la colectividad.

Es pues, también, una filosofía educativa, que considera que si la educación no sirve para mejorar el mundo, entonces no sirve para nada.

 

[1] Definición aportada por el Centre Promotor d’Aprenentatge Servei de Cataluña.

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