Entrevista a Mª Nieves Tapia, referente mundial en el sector del Aprendizaje Servicio

 

Mª Nieves Tapia: “La solidaridad le da sentido al aprendizaje, y el aprendizaje servicio hace más significativa la acción solidaria

Nieves Tapia es una de las referencias mundiales en el sector del Aprendizaje Servicio. Entre 1997 y 2009 inició y coordinó los programas nacionales de aprendizaje-servicio del Ministerio de Educación argentino. Argentina es uno de los países del mundo donde más larga historia tiene esta metodología, con proyectos de muy larga duración e impacto profundo. Nieves Tapia es fundadora y directora del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (Clayss), y es la personalidad invitada en la entrega de los IV Premios ApS y en el XI Encuentro Estatal de ApS que se celebrará en la ciudad de Coslada.

 

-¿Por qué la metodología ApS ha triunfado y crece espectacularmente allá donde llega?

-El ApS crece tanto porque, más que una metodología más, es una pedagogía completa, que cambia la manera de entender el sentido de la institución educativa, la vinculación con el entorno. Es una manera de mirar con confianza a los estudiantes, darles espacios para que sean protagonistas, y permite dar  una respuesta holística, integral, a muchas cuestiones centrales de la educación en nuestro tiempo.

-El ApS es una reforma educativa que crece de abajo hacia arriba. ¿A qué se debe?

-Decimos que crece por contagio, de educador en educador, de institución solidaria a institución solidaria, por el boca a boca del entusiasmo, porque permite llevar acciones concretas, realizables, y ver resultados positivos en poco tiempo. El proceso ha sido diferente dependiendo del país, su historia y su tradición, pero en términos generales el ApS es un tipo de práctica que muchos docentes descubren por sí mismos, aunque no le pongan el nombre. Cuando este ApS encuentra la formulación pedagógica, los marcos teóricos, la propuesta metodológica, se crean sinergias muy fuertes entre las propuestas teóricas con las prácticas previas. Por eso, la lógica del ApS siempre parte de las prácticas ya existentes. Trabajamos la transición entre lo que ya hace el centro educativo y el desarrollo posterior más sistemático… Como se parte mucho de la realidad de cada centro es más fácil que crezca de abajo hacia arriba.

-¿La flexibilidad y la personalización son las principales bazas del ApS?

-Sí. El ApS se diferencia de propuestas que son demasiado cerradas, que a veces llamamos “productos enlatados”, que se pretenden replicar en situaciones muy diferentes. Nosotros siempre defendemos que cada escuela es única, con sus intereses y necesidades educativas. El ApS es una propuesta muy flexible, que puede desarrollarse en entornos y contextos muy distintos. En algunos sitios está más promovido por políticas estatales, pero siempre lo hace aprovechando las sinergias de lo que ya se realizaba, de abajo hacia arriba.

-Argentina es uno de los países de referencia en el desarrollo e implementación del ApS. ¿A qué cree que se debe?

-Hace más de 20 años que hay políticas sostenidas desde el ministerio de Educación, y de alguna manera se validaron prácticas que se desarrollaban informalmente desde hace años. Creo que hay cuatro grandes razones que explican la importancia y fortaleza del aprendizaje servicio de Argentina. La primera es que había ya una fuerte tradición solidaria en el sistema educativo, por muchas razones históricas y culturales, especialmente desde el ámbito universitario, que tenía en el servicio y la solidaridad uno de sus pilares. La segunda razón es que a partir de finales de los 90 hubo políticas públicas sostenidas, que se basaron en lo aprendido en las instituciones. Eso permitió conocer y dar visibilidad a esas buenas prácticas, a darles marco teórico y metodológico, invertir en capacitación docente y en elaboración de materiales accesibles… La tercera razón es el acompañamiento de la sociedad civil, con instituciones como Clayss y otras, que han ayudado a difundir, y que han permitido dar continuidad en algún momento, como durante la crisis del 2001, en que el apoyo del ministerio no podía ser tan fuerte. Se han creado muchas sinergias entre la sociedad civil y las políticas públicas. Y la cuarta es que, sobre todo en los últimos años, parte del proceso de integración regional en el aspecto educativo ha tenido el aprendizaje servicio como una de sus líneas. En este momento hay políticas de ApS en Uruguay, Chile, Brasil, Ecuador, Venezuela, México y muchos más. Hay una corriente latinoamericana que ha enriquecido la propuesta, así como el diálogo con España.

-El impacto del ApS está demostrado y también estudiado cualitativamente y cuantitativamente. ¿Cuáles son los principales beneficios de la aplicación de esta metodología?

-Los que tienen más tradición de estudios cuantitativos son los investigadores americanos, pero en este momento hay un cuerpo de investigación bastante internacional estudiando el impacto del ApS. En la calidad del aprendizaje, está muy demostrado que hay una gran mejora en el rendimiento académico. Pero, sobre todo, hay un gran impacto en el tema personal. Se da un aumento de la autoestima, del empoderamiento, y tanto los niños como los adolescentes y jóvenes tienen más ganas de aprender, la motivación aumenta y todo esto afecta positivamente en el rendimiento académico.

-Una suma de factores de desarrollo.

-El impacto positivo de la aplicación del aprendizaje servicio se da especialmente en los contextos más vulnerables. Cuando a los niños más pobres les damos el espacio para que dejen de ser solo destinatarios de ayuda, sino que ellos sean los protagonistas de la acción, que vean que pueden cambiar su entorno, tiene en ellos un efecto poderosísimo. Hay escuelas que tenían un 60% de abandono escolar y que en 3 años han bajado a un 2% a partir de la implantación de programas de ApS. Escuelas con altos niveles de repetición y fracaso, y que han bajado sus índices de fracaso escolar únicamente introduciendo esta  manera de trabajar.

-¿Contribuye a ser un instrumento de cambio social?

En la mayoría de países, la escuela secundaria se ha ligado tradicionalmente a las clases medias altas, y cuando entran los sectores más desfavorecidos no siempre es posible que permanezcan en la escuela exitosamente. El Aps sobre todo ofrece un sentido al hecho de aprender, que no es aprender solo para la nota. El impacto positivo en su autoestima es crucial para que sean capaces de pensar un proyecto de vida, un proyecto de estudio, y encontrarle sentido a su permanencia en la escuela. De hecho, el Premio Presidencial de Escuela Solidaria, que se celebra en Argentina desde el año 2000, tiene un gran porcentaje de escuelas premiadas en contextos desfavorecidos, tanto rurales como urbanos.

-¿El círculo virtuoso que se crea entre los estudiantes y aquellos a los que ofrecen su servicio es el puntal del éxito del ApS?

-Sí. Es uno de los puntales principales porque la solidaridad le da sentido al aprendizaje, y el aprendizaje servicio hace más significativa la acción solidaria. Lo que diferencia el Aps del voluntariado es que, en este círculo virtuoso, asumimos que los estudiantes no son solo beneficiarios de su comunidad, también benefactores. De alguna manera, la sociedad es una extensión del aula y los vecinos, la comunidad, se convierten también en educadores. Hay muchas evidencias en investigaciones de cómo, por ejemplo, el contacto con diversos perfiles profesionales, con diversos adultos significativos en la sociedad, les sirven de ejemplo y contribuye a la orientación vocacional.

-¿Esta metodología está presente ya en todo el planeta?

Hay aprendizaje servicio en los 5 continentes. Hay redes muy potentes en el sudeste asiático y China; en las universidades de India y Pakistán; en Europa Oriental; en Europa Occidental hay una tradición muy larga en países como Alemania, Reino Unido o Irlanda; en América Latina está extendido en todos los países; en Africa; hasta en Australia. Hay experiencias de ApS en todo el mundo desde principios del siglo XX. Los que formularon el término y le dieron marco teórico y metodológico, fueron los norteamericanos a partir del 1969, cuando inventan el término “service learning”. Paralelamente, en los años 60, India funda su servicio social universitario y en América Latina y África empiezan experiencias de servicio comunitario estudiantil. En tres países se dio desde muy tempranamente una fuerte intervención estatal, con mucho apoyo económico y político: Argentina, Singapur y Estados Unidos.

-Supongo que, además, cada país le dará un color y un estilo diferente.

-Sí, en los últimos años se han ido desarrollando modelos más culturalmente adaptados a los distintos contextos culturales. Eso ha generado debates muy interesante en torno a los lenguajes y los supuestos teóricos. Por ejemplo, desde África y América Latina hemos aportado mucho al debate sobre qué entendemos por servicio: nosotros hablamos de aprendizaje servicio solidario, porque para nosotros no es lo mismo trabajar solidariamente, “con” la comunidad, que trabajar verticalmente y de manera paternalista, “para” la comunidad.  Otro ejemplo es el desarrollo del ApS en Sudáfrica. Las universidades segregadas en la época del apartheid tenían proyectos de aprendizaje servicio. Pero al desaparecer el apartheid, la universidad y la sociedad vivieron un proceso muy fuerte de descolonización. Los proyectos de ApS de desarrollaron con un método muy interesante, trabajando muy especialmente las reflexiones sobre las relaciones de poder o la diversidad de las comunidades. En otros países, donde no existía tradición democrática, el ApS ayuda a construir participación. La expansión territorial ha llevado también a enriquecer los debates y las miradas a través del diálogo intercultural.

-¿Deberían los políticos tomar nota del éxito de esta metodología a la hora de diseñar sus políticas educativas?

-En muchos países del mundo ya lo están haciendo, desde Argentina, Uruguay y Ecuador hasta Singapur, Holanda y Alemania. En España algunas comunidades autónomas y municipios están contribuyendo sistemáticamente al desarrollo del ApS en sus comunidades. Creo que siempre es sensato hacer políticas educativas que tengan sentido para los educadores y los estudiantes. A veces los técnicos y políticos quieren poner su música y que todos aprendan a bailarla, y la sucesión de reformas y modas pedagógicas impuestas desde arriba complica a veces más de lo que ayuda. Habiendo sido funcionaria de un Ministerio de Educación durante más de 15 años, creo que desde las políticas hay que primero escuchar cuál es la música que mejor les resulta a quienes tienen que bailar todos los días en los centros educativos, y aprender a acompañarla lo mejor posible con los recursos del Estado.